La prosperidad viene de Dios
Es mi intención en este día que al compartir la Palabra de Dios, con todos ustedes, puedan atesorar en sus corazones y apropiarse de una nueva dimensión de las riquezas espirituales que están al alcance de todos aquellos que creen en un DIOS DE AMOR, PODEROSO, dispuesto a bendecir y a manifestarse grandemente en las vidas y familias de todos aquellos que lo buscan de todo corazón.
Compartiremos en la Palabra de Dios la experiencia de una mujer, una viuda, no cualquier mujer, se nos dice que era mujer de los hijos de los profetas, estaba pasando por un momento de gran necesidad, no sólo económica. Había quedado sola, su familia era amenazada por los acreedores que se mostraban severos con ella; tenía dos hijos que eran el sostén de su viudez pero se los querían llevar para servir durante siete años. Clamó, sabía el camino, conocía a quien ir por una respuesta, una guía para resolver su problema, fue al Profeta, a un Siervo de Dios.
Para entender la situación, leemos el relato bíblico:
2º REYES 4:1-7 “Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: T u siervo mi marido ha muerto; y tu sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos.
Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tú sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite.
El le dijo: Vé y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas.
Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte. Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite.
Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces, cesó el aceite.
Vino ella luego, y lo contó al varón de Dios, el cual dijo: Vé y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede”
La situación de esta mujer fue totalmente aliviada por el milagro que el Señor realiza a través del Profeta, por el cual no sólo podría pagar sus deudas sino mantenerse a sí misma y a su familia. No le proveyó de una cantidad de dinero, o de cualquier otro artículo, con la que hacer frente a la situación presente, sino que le puso en las manos el negocio de vender aceite. Podemos rescatar de esta reflexión algunas enseñanzas:
PERSONA PRÓSPERA:
- Conoce a Dios: Es aquella persona que ha tenido un encuentro con Dios. Una experiencia, se ha relacionado con Él, ha conocido su Palabra y se ha apropiado de Sus Promesas.
- Es un administrador de sus riquezas: se constituye en un apoderado de Dios quien lo autoriza a administrar sus recursos.
- No es dueño: Reconoce que Dios es el dueño de todas las cosas y recibe su instrucción para sacar el mejor partido posible de lo que ya tiene.
- No coloca su fe en las riquezas: La fe no debe colocarse en las riquezas, éstas pueden generar soberbia y esclavitud. La fe es en esencia, recibir la Palabra de Dios a pleno valor.
Dios posee recursos ilimitados para acudir en ayuda de aquellos que en Él confían y le obedecen.
- Está bajo principios de la administración divina: La posesión y el uso de la riqueza o el dinero está vinculado a la actitud de corazón y las motivaciones internas. El dinero debe ser manejado con cuidado y usado con sabiduría, no sea que el deseo de posesiones, nos aparte de Dios. El uso de sus recursos financieros tiene consecuencias eternas.
Ser próspero es más que ser rico, pues la riqueza es solo una parte de la prosperidad. Dios promete que la fidelidad a su Palabra traerá consigo una vida de éxito y próspera en todos los órdenes de la vida.
FAMILIA PRÓSPERA:
Su familia vivirá confiada, segura, gozará no sólo de bienes materiales, sino la paz, el amor, la unidad y la esperanza serán sus tesoros.
CIUDAD PRÓSPERA:
Es la ciudad que todos soñamos, la ciudad que queremos. Por mucho tiempo hemos hablado de la Ciudad de Dios, estamos convencidos que no es un slogan, sino un estilo de vida para un modelo de ciudad.
Como habitantes de esta ciudad estamos dispuestos a trabajar y colaborar con las autoridades para lograr este objetivo, que Mar del Plata reúna todas estas características:
Una Ciudad de Justicia. Una Ciudad Segura. Una Ciudad Limpia. Una Ciudad Habitable. Una Ciudad Turística. Una Ciudad de Congresos. Una Ciudad de Salud y Educación.
ENGRANDECE UNA NACION:
El individuo, las familias y las ciudades prosperadas, dan como resultado el engrandecimiento de la Nación, creemos firmemente que es tiempo que nuestra ciudad, provincia y país, sean levantadas y prosperadas grandemente. Dios quiere usar su vida y la mía, deseo que este mensaje sea de inspiración para que se ponga en las manos del Señor y sea un instrumento de bendición en el lugar que se esté desempeñando.
CONOCER LO INMENSO DE LOS RECURSOS DE DIOS NOS HACE MÁS GENEROSOS.
¡Dios le bendiga!










